Vecinos
La estadística es una ciencia que demuestra que, si mi vecino tiene dos coches y yo ninguno, los dos tenemos uno.
"Es más fácil amar a la humanidad que a tu vecino".
— Eric Hoffer
Bien podría decirse que la primera relación de vecindad data de la Revolución Neolítica. Tan pronto como la especie humana fincó sus reales en la ladera de una colina prehistórica, cerca de un lago o a la vera de un río, las casas contiguas y sus habitantes mostraron una verdad terrible: no puedes elegir a tus vecinos.

Fue el cronista Carlos Monsiváis quien escribió que “somos tantos en la Ciudad de México que el pensamiento más excéntrico es compartido por millones”. En el 2020, el último censo realizado en la capital de la República Mexicana contabilizó 9 millones 209 mil 944 habitantes. Producimos alrededor de 13 mil toneladas de basura todos los días, el parque vehicular supera las 5 millones de unidades, vivimos en una de las 10 ciudades más ruidosas del mundo y, sin embargo, nos parece un delirio compartido y sólo enfurecemos cuando es el vecino quien deja las bolsas de basura en la banqueta, cuando tapa con su auto la entrada de tu garaje o cuando repite por décima vez en el día su canción predilecta a todo volumen.
Jean Paul Sartre puso en boca de uno de los personajes de su obra de teatro existencialista A puerta cerrada la máxima que condensa el doble filo de necesitar a los demás y, al mismo tiempo, aborrecerlos: “El infierno son los otros”.
Hoy hablaremos de vecinos en la literatura. Es más fácil vivir en comunidad aceptando que siempre habrá una casa contigua.
Los de la casa de al lado

No prestes el hacha a tu vecino ni tomes de la miel de sus panales, porque la gratitud es enemiga de los árboles. Pero si aún insisto en ser ausente, toma un cuchillo, graba nuestros nombres en la corteza, y llama a tu vecino para que tumbe el roble.
Estos versos forman parte de una columna titulada “Julio de 1948”, publicada en el periódico El Universal de Cartagena de Indias, por quien entonces era una joven promesa de las letras. Usted debe saber a quién me refiero.
García Márquez escribió ahí, en una de las muchas páginas que ocupó en la prensa, que “para todo el mundo existe la casa del lado”. En esa casa, dice el escritor colombiano, vive el vecino y en esa casa existen más oídos para oír, más ojos para fisgonear y más lenguas afiladas para comentar lo visto y lo oído.
García Márquez escribe este breve alegato para decirnos que la casa de junto, la casa donde habitan los vecinos, no parece ser lo mismo en los pueblos que en las ciudades. Esa casa cuyos límites se tocan con los de la nuestra es, en los pueblos, el domicilio de nuestros más cordiales y entrañables enemigos. Dice así García Márquez:
A ellos, los de la casa de al lado, se acude cuando se tiene un número de visitantes superior al número de muebles, para que presten algunas piezas de los suyos. A ellos se acude cuando hay más invitados a almorzar que platos y cubiertos en la alacena, en la casa de al lado vive siempre una mujer que sabe cocinar mejor que la nuestra… En ese servicial nido de víboras habita el pequeño aprendiz de bárbaro que le rompe la cabeza a uno de nuestros inofensivos y angelicales niños, y vive también la mujer que conoce una receta infalible para remediar con una ventosa los dolores de espalda… Todo lo malo que en el pueblo se sabe de la nuestra, se ha sabido por la casa de al lado… cualquier lunes los de la casa de al lado nos obsequia un pedazo de pastel y nosotros lo agradecemos pensando: ‘esto lo mandaron porque a los perros no les gusta el pastel.
Los hábitos de la ciudad son algo distintos, pero no siempre. En la ciudad –dice García Márquez– “el vecino tiene nombre propio, pero se necesitan muchos años para saber cuál es su apariencia física”. Sin embargo, esa pareja de esposos que hemos conocido tras veinte años de ser vecinos sin saberlo, un lunes cualquiera puede aparecer en nuestra puerta y para obsequiarnos un pedazo de pastel, lo comparten con una sonrisa amable, pero la razón de su gratitud es simple: no quieren echárselo a los perros.
“Julio de 1948” y “La casa del al lado” se encuentran publicados en el primer tomo de la compilación de textos periodísticos de Gabriel García Márquez que lleva por título Textos costeños.
No es fácil vivir en esta ciudad

Traemos aquí algunos pasajes y escenas sobre vivir en esta ciudad.
En el enigmático inicio de La región más transparente, Carlos Fuentes introduce a Ixca Cienfuegos, un personaje místico que juega el papel de Virgilio en la Ciudad de México y guia la trama de toda la novela. Su discurso inicial ya es parte de la tradición moderna de la literatura mexicana. Lo hemos traído muchas veces a aquí:
…ciudad presencia de todos nuestros olvidos, ciudad acantilados carnívoros, ciudad inmóvil, ciudad de la brevedad inmensa, ciudad del sol detenido, ciudad de las calcinaciones largas, ciudad a fuego lento, ciudad con el agua al cuello…-
Se ha dicho que La región más transparente es la última novela de la Revolución, pero tal vez sea mejor entenderla como una novela de ciudad; como la primera novela de la Ciudad de México contemporánea. Una ciudad donde la vecindad y la convivencia de sus habitantes está marcada por el gentío, por la modernidad y sus luces, por sus grandes bloques de edificios.
Ixca Cienfuegos no habla de otra cosa sino del olvido cuando dice:



